¿Autónomo o sociedad? Ventajas, desventajas y recomendaciones

Tras el parón del año pasado por el coronavirus, la creación de empresas ha vuelto a remontar en España. Este proceso puede parecer un simple trámite burocrático, pero es necesario conocerlo en profundidad para sentar unas bases adecuadas. En este sentido, hay una duda que llega tarde o temprano: ¿constituirse como autónomo o fundar una sociedad? Le explicaremos las ventajas y desventajas de cada opción.

Autónomo vs. sociedad, ¿qué tiene en particular cada figura?

La conveniencia de optar por uno de estos dos caminos depende del análisis de sus particularidades y obligaciones más comunes. ¿Cuáles son sus ventajas y desventajas?

Trámites de constitución

Los trámites para darse de alta como autónomo en España son algo complejos, pero se pueden dividir en dos pasos fundamentales: registrarse en Hacienda como empresario haciendo constar el IAE (Impuesto de Actividades Económicas) y en la Seguridad Social para cotizar como RETA (Régimen Especial de Trabajadores Autónomos). Para abrir una empresa, sin embargo, hay que redactar estatutos, ingresar capital social y otros procedimientos.

Contabilidad y fiscalidad

En lo relativo a la contabilidad, es posible encontrar otra gran diferencia. Los autónomos solo tienen que registrar sus facturas emitidas y recibidas, así como los bienes de inversión, mientras que las compañías deben llevar una contabilidad completa y extensa. De esta manera, muchas necesitan contar con un departamento específico o externalizar este ámbito.

Respecto a la fiscalidad, no se observan grandes diferencias en lo relativo al IVA.  Por su parte, los autónomos tributan generalmente el IRPF y las compañías gravan el Impuesto de Sociedades.

Responsabilidad

Esta diferencia es de gran calado, ya que puede llegar a determinar las actuaciones futuras de gestión y expansión profesional, así como las inversiones. Si se escoge, por ejemplo, una empresa catalogada como Sociedad Limitada, solo se responderá con las aportaciones de capital que se han realizado a esta.

Todo cambia respecto a los autónomos, ya que deben responder con su patrimonio ante las pérdidas que su actividad les pudiera generar (excepto su vivienda, haciéndolo constar en el 036 como emprendedor de responsabilidad limitada en el Registro Mercantil). En consecuencia, asumen mucha más responsabilidad que los empresarios que han escogido la forma jurídica del apartado anterior. Sin embargo, cabe aclarar que todo depende de las circunstancias particulares.

Asequibilidad de la gestión

Todos los negocios necesitan una gestoría para llevar las cuentas y administrar la presentación de impuestos, entre otras acciones. En ese sentido, la contabilidad más simple de los autónomos hace que les resulte mucho más barato externalizar esta labor. Los negocios, por su parte, suelen necesitar hacer una inversión de dinero mayor.

Contribución económica inicial

Para crear una empresa bajo la denominación de Sociedad Limitada, es primordial abrir una cuenta bancaria con 3000 € de capital social. En cambio, los autónomos no necesitan disponer de una cantidad fija de dinero. Esto no significa que no necesiten dinero para darse de alta, ya que hay trámites e impuestos que tienen un coste. Sin embargo, es cierto que no deben seguir un criterio económico establecido en este sentido.

Facilidad de financiación

Para obtener un crédito bancario o ganarse la confianza de un inversor, las empresas siempre lo tendrán más fácil. ¿Por qué motivo? La razón es muy sencilla. Los bancos y demás entidades financieras suelen estudiar más los casos de compañías que les pidan préstamos. Esto se debe a que su contabilidad está más detallada y resulta más sencilla de analizar. De esta manera, los negocios tienen pruebas documentales concisas para demostrar su viabilidad económica. Aun así, todo dependerá de la calidad crediticia de cada solicitante, pero es una tendencia que conviene comentar.

De cara a un inversor, las empresas ofrecen una imagen de mayor consolidación. Un autónomo suele ser una sola persona (aunque puede hacer contrataciones) que, generalmente, no proporciona la misma sensación de estabilidad. Está claro que la realidad no es siempre así, pero suele ser lo más común en el ámbito bancario actual.

Entonces ¿qué forma es la más recomendada?

Tras haber detallado las particularidades de ambas figuras jurídicas, ahora se ofrecerán varias recomendaciones. No obstante, siempre es recomendable consultar con un experto para cada situación en particular.

En el caso de querer comenzar la actividad emprendedora, constituirse como autónomo es la opción más sencilla. También es recomendable si no se van a contratar empleados o el volumen de negocio va a ser reducido siempre.

Si en cambio hay intenciones de expansión o si se pretende contratar personas, será mejor establecer una sociedad. Un camino que se debe considerar si hay más de un socio.

Como ha quedado patente en este artículo, no hay una única norma que estipule cuándo es mejor darse de alta como autónomo o cuando formar una empresa. Ante todo, lo mejor es revisar cada caso y contar con profesionales. Desde nuestro despacho de abogados le animamos a emprender. ¡Cuente con nuestra ayuda!

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